Ciertamente las circunstancias son extraordinarias pero nuestra historia como escuela lo ha sido por igual y henos aquí 108 temporadas de lluvias después en las que no solo el honor y la disciplina han sido baluartes externados en la excelencia sino también la tan distinguida particularidad que nos hace ser de la Libre, la fraternidad. Hoy mas que nunca dicha característica esencial debe irradiar en toda nuestra comunidad como lo ha venido haciendo año con año en la entrega de nuestros maestros y maestras y el esfuerzo de los alumnos y alumnas para con nuestra Escuela Libre de Derecho y nuestra comunidad de vivos y muertos.

Los órganos estudiantiles han sido una tradición constante derivada la significativa participación estudiantil en nuestra Escuela desde su fundación. Dicha tradición es nuestra responsabilidad preservarla pero también actualizarla a las necesidades que hoy no sólo la comunidad nos demanda sino la sociedad entera.

La verdadera esencia de la Sociedad de Alumnos es el servicio a sus iguales y la entrega hacia su Escuela. No son grandes hazañas las que nos competen sino cambios ordinarios que empiezan en nadie mas que nosotros mismos y que se ven reflejados en una Escuela que necesita de sus alumnas y alumnos y en una Sociedad que clama no solo buenas abogadas y abogados sino buenas personas y eso empezamos desde nuestros salones, ahora zooms, desde la Sociedad y desde nuestra orgullosamente Escuela Libre de Derecho.

Hay dos realidades que no debemos olvidar. La Sociedad no funciona si no hay participación de quien es la razón de ser de ella, todos nosotros y los problemas de la Escuela son los problemas de los alumnos y los problemas de los alumnos son los problemas de la Escuela, pero también las soluciones. La coordinación entre esta gran y excelente comunidad no solo es necesaria sino natural, maestros, maestras y alumnos y alumnas siempre hemos sido la Escuela Libre de Derecho.

Por último quisiera citar las palabras de un destacado alumno de nuestra Escuela:

“La Escuela vive del desinterés y de la abnegación de sus profesores; del entusiasmo y de la devoción de sus alumnos. Por eso su enseñanza tiene como consecuencia en unos y en otros una profunda impregnación moral, cuya virtud esencial radica en el sentimiento de amistad.

En la Escuela Libre de Derecho salvo el respeto que los alumnos han tenido siempre para sus profesores, todos somos iguales.

De ahí, que su enseñanza sea un muto don porque tanto dan y reciben los profesores como los alumnos. De ahí la ininterrumpida corriente de simpatía que circula ampliamente por sus aulas…

Casa construida sobre roca, del Maestro Manuel Herrera y Lasso.

Agradezco una vez más por su apoyo y atención, externando completa disposición de todos los integrantes de la SAELD hacia nuestros compañeros y hacia las autoridades, esperando que este sea un excelente año escolar para todos y todas, y mandándoles un gran saludo.

La Escuela Libre de Derecho tiene su domicilio en la Ciudad de México, y NO TIENE NI RECONOCE ALGUNA OTRA SEDE, establecimiento, sucursal, franquicia o representación, en algún otro lugar de la República o del extranjero.

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