LA FINAL TRASCENDENCIA O LA FINALIDAD DE LA TRASCENDENCIA

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LA FINAL TRASCENDENCIA O LA FINALIDAD DE LA TRASCENDENCIA

"Meditación en el infinito", obra de Gustavo Boggia

De M.A. Rubio
@IlpRubio

«19/06/98
¿Cuál es la finalidad del ser humano en el mundo? Quiero preguntarles. Pareciera que esta idea lleva centenares de años dentro de mi cabeza insana, esa misma pregunta que me he decidido a responder y que por más humilde que parezca, me ha llevado a la tesitura extrema, sin escapatoria alguna. Debo confesar que mi reclusión voluntaria no ha sido en vano, pues después de reflexionar con ulteriores motivos, puedo decir que estoy totalmente cierto en la respuesta a la que he llegado. No obstante de ello, quiero responder a una pregunta concreta que puede esclarecer más nuestra duda, la cuál decido escribir porque sin ella, la respuesta a nuestra trascendencia, carecería de sentido.
Sin más he preguntado a mi ser, si las creencias pueden llevarme a la certeza de mi existencia. Sé que soy. Pero no estoy seguro que existo, digo, después de todo, aquello que existe solamente figúrese ante mí, de una forma relativa. Mi conocimiento no es capaz de conocer la realidad verdad – o ¿la verdadera realidad ?- pero antes de entrar en ello, debo partir que lo que conozco depende de mi sapiencia. En ello entro de nuevo y me digo, que si pienso por ello existo, pero al final de todo, si existo primero, no necesariamente pienso… Creo que pienso, por ello creo que en mi existencia; pero el día en que decidí apartarme de la vida allá afuera, me desprendí de todo en lo que no creía y solamente soñaba, la idea de Dios me llegó de golpe y se esfumó ante la luz de mi vela perpetúa, refleja ante la pareja -ahora mohosa- que ensombrece y distorsiona mi realidad sensible.
Recuerdo que en mi primera año de reclusión, me pregunté, al leer a Dostoyevsky, que de ser verdad que Dios existe, no todo está permitido, pero si Dios no existe ¿todo está permitido? y es un hecho que no. Bueno. No lo sé. Al final de todo en ese momento creía en Dios, pero ahora no. Explico mis motivos en dos cosas concretas, referidas a la abstracción del “Nirvana” teológico, pues al final de toda creencia de fe, entendemos que llegamos a ese estado tan puro sin sufrimiento, en el cual viviéremos por la iluminación.
Algunos lo llamamos cielo, mientras otros lo llaman Valhalla, pero sin duda, uno de los más conocidos al momento de mi encarcelamiento sólido, era el nirvana mismo. Quiero confesar que es el que más me asusta de todas aquellas creencias vanas de sentido en la trascendencia humana, pues por qué pensar en mí reencarnación perpetua, para al final desistir trémulamente de la vida, aceptando mi última vid en la luz… pero más que eso ¿por qué aceptar que el sufrimiento en la vida es verdaderamente un castigo?
Debería ahora, ya dar respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida, pues reconozco que ustedes han de estar cansados de tanta palabrería. Les he dicho que durante años he permanecido oculto con el único fin de meditar cuál es la finalidad del ser humano en el mundo, lo cual lo mismo podría traducirse en ¿para qué vive el ser humano? y en esa pregunta, también les comenté que había -en mi infinita humildad- reconocido la respuesta. Así termino años de reclusión y pensamiento, pues después de tanto años sin vida y de creencias absurdas, he descubierto que la razón por la que vive el hombre, es solamente por el hecho de vivir […]»

Carta cortada de un diario de notas, encontrada en la entrada de un anciano en la Ciudad de México.

 

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